Las cosas.
¡Cuántas cosas, láminas, umbrales, atlas, copas, clavos, nos sirven como tácitos esclavos, ciegas y extrañamente sigilosas! Las cosas. Jorge Luis Borges. Lo primero fue el foco. A las cuatro y treinta de la mañana, una luz averiada resulta apabullante. Así cualquier día, parece un mal día. Por la noche, el coraje y un mosquito me arruinaron un sueño con La Plazuela. Y eso me lleva a que la puerta del baño tenía el seguro puesto por dentro ¿Dónde estará la maldita llave de la puerta? ¿Alguna vez he visto la maldita llave de la puerta? No pienso mucho en el tiempo en el que fui un chico al que le gustaba robar; pero sí que lo fui. Consigo abrir la puerta con un cuchillo de mantequilla y ya he perdido treinta minutos. Me siento desentrenado, hasta para barrer el polvo que hay en el piso. Y abierta la puerta del baño, me siento a intentar defecar. No tengo ganas; pero si no lo hago ahora no lo haré en todo el día. Ya es mucho con que tantos sean tantos, co...