En Puebla.

 

La ofensa más atroz que se puede inferir al hombre es negarle que sufra.

El oficio de vivir. Cesare Pavese.


Era un momento de muchas paranoias

la primera década del nuevo siglo

nos nació bajo amenaza :

no tendrás para comprar tu propio techo

 

Y nosotros nos echamos a llorar

para el papel

ahí mismo

a las puertas del teatro

Cuando El Pulque Para Dos

acopiaba el mundo nuestro

 

No nos perseguía

ni la CIA ni el Mossad

Ni el fascismo

Ni infiltrados por el Kremlin

 

Solo eran nuestras sombras

lo que vino por nosotros

a ponernos putos enfermos

Son los efectos secundarios  

de ser juez y parte del anonimato

 

Llorábamos antes y después

de aquellas noches

acusando a los gin tonics

de habernos acusado

sin prueba de que fuéramos nosotros

los mismos de entonces

 

Despertándonos de frío

porque ya te había olvidado

aquel joven talentoso

gastronómico

Y de calor

porque yo

sencillamente

me quemaba por saber

la raíz cuadrada de mi vida sin Ella

Y era un resto de números negativos

para ambos

 

Al fin llorar

se volvió nuestro

Nuestra cosa para hacer

durante el telediario del mediodía

en los autocinemas

antes del primer bocado

del pastel de zanahoria

y justo al momento

de dejar el quince de propina

por tan solo unas mollejas

 

Recordamos a Pavese

al despertar

y nos lloramos

Escuchamos a Sabina

a través de árboles secos

y nos lloramos

Me leíste tus pinturas

al comerme de regreso de Atlixco

junto a la carretera

y nos lloramos

 

Nos despedimos

fumando en la esquina de un bar

y nos lloramos

Y nos íbamos a llorar

diciendo hasta siempre  

 

Ya he aprendido a llorar en silencio

sin que nadie lo note

Como cualquier otra dama

digo otra cosa

cuando digo capricho

pero es imposible ocultar  

que no dejé de llorar

cuando lloramos al ver

el recuento de nuestras cicatrices

 

La que debía de ser

la fabulación de la intimidad

 

Omar Alej.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Se acuchilla de frente.

Ya no falta tanto.

Papush.