El aire roto.
—Después de lo que hemos corrido —le dijo al
animal—, no me fiaré de tus cuatro patas hasta que estemos en Temple Bar. —Y,
tras una pausa, añadió—: ¡«Resucitado»! ¡Qué respuesta tan extraña! ¿¡Qué sería
de ti, pobre Jerry, si resucitasen los muertos!? ¡Qué cuenta tan embrollada
tendrías que arreglar con algunos de ellos!
Historia de dos ciudades. Charles Dickens.
Tengo el
aire roto
las velas
clavadas
en mitad de
la cocina
un pedazo
de madera
que dice Titanic
con rotulador
en medio de
la loza sin lavar
Y las brújulas
convertidas
a espejos
y los
espejos de cara a mi
inmóvil como
iceberg
de humo y roca
Permíteme quedarme
en esta silla
Dame tres o
cuatro años
para terminar
el café
Si llego a
lo que se conoce
como memoria
muscular
jugaré al avión
o a los
encantados
a la manera
de un recién llegado
Pero ahora
quiero sacarme de las manos
tanto y
tanto tiempo
Con algo de
suerte
y con mucha
necesidad
confío en
que el gato
aprenderá a
valerse por si mismo
Algunas memorias
me han llevado
a este equilibrismo
sobre la última
línea de mi voluntad
y la caída asemeja
a una laguna
Quizá es
como me ha dicho Fred
Sentir que
te paralizas
porque respirar
abre todo un campo
de exterminio
también es
vivir
Y de este vacío
del que
hablamos
mediando miradas
a los
catorce cristos
de aquella abadía
también fue
vivir
Es el aire
roto
no sirve
llorar
Es el aire
roto
no sirve el
sándwich
con jamón y
queso
Es el aire
roto
no sirve
hablarlo
sentados en
circulo
Es el aire
roto
no sirve
leer a Dickens
Es el aire
roto
Voy a quedarme
aquí
hasta aparecer
Omar Alej.

Comentarios