Una pesadilla extrañamente reconfortante.

 

Así, pues, en la buena como en la mala fortuna, salvo la eventualidad de una gran desgracia, lo que sucede a un hombre en su vida es de menos importancia que la manera de sentirlo, es decir, la naturaleza y el grado de sensibilidad bajo todos los aspectos.

El arte del buen vivir. Arthur Schopenhauer


No sé cómo fue que llegué

pero me sentí involuntario al marcharme

 

Sentí que podría recostarme

y soñar una pesadilla extrañamente reconfortante

donde la alfombra voladora de seda

fulminaba con rayos laser

la espera y sus sombras vacías

 

Vinieron amigos

de antes y de ahora

Cocinamos algunas papas

servimos limonadas

y cervezas

y sabíamos aguardar

por vinos mezcales y ginebras

de Zacatlán de las manzanas

 

Vestían de sabores y colores

puro Dior  

 

Se peinaron

con esos raros peinados nuevos

nos bancamos los defectos

Éramos cityzens de la ley Charly

 

Convencidos

de cada cual tiene un trip

en el bocho

 

Sin discordias

subimos el volumen

a la idea

de ser libres y saber

que teníamos perdonados

los errores y el desorden

porque aquí viven personas

 

No era Hydra ni Lisboa

Nadie era

tan hermoso como el sol

pero los sentidos

se cargaron con el aire del lugar

hasta hacernos padecer romanticismo

 

Pero aquello no era

algo que puedo contar

porque tan solo es recuerdo

Un recuerdo premeditado

el día de hoy

 

Convencidas

de que no son más que un absurdo sin orden

también las cosas quieren romperse

No es meramente torpeza

 

Omar Alej.

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