Al este de L@s.
Sentía exultante el corazón y atravesó
corriendo el pasto. Volver a casa siguiendo un camino diferente le infundía la
sensación de que era un peregrino, un explorador, un hombre que tenía un
destino; y además sabía que a lo largo del camino hallaría amigos: los amigos
guarnecerían las orillas del río Lucinda.
El nadador. John Cheever.
Como un
anime japanese
con palmeras
a blancos y negros
Explotando
como una turbina
Picassiana en
el betún
de la mesa que
en el techo
del comedor
gira
dejando
entrar
las tres
virtudes
A punto de parar
los ojos
ante todo
Y en su
fase indefinida
todo ante
nosotros
como un
pasado que al futuro
lo presenta
en el presente
Atestiguando
la melancolía
en los
platos agridulces
del sería y
del se va
Acariciados
por gatos
desgarrados
y montados
por nubes
como si
fuéramos nubes
de cuero y
calabaza
Abriendo de
par en par los codos
Subiendo
una a una
las
profundidades
del habla
del
sinsentido más airado
Manuscrita
la carta
Abolida la
deuda
Condonadas
las condenas
Liberadas
las señales
Y en si
mismos
los pillos
y los cocineros
y los
charlatanes
y los del
tambor
Con flores
al borde
de los
buenos días
Porque ya
amanece
pero no nos
fuimos
ni de los
peces
ni de los
dragones
ni de los
castillos
en punta
colina lunar
Amanerados
a las
maneras
de los que
caminan
descalzos
sobre las baldosas
amarillo
de acuarela
por el sol
de septiembre
Como
nosotros
que de Bob
plagiamos botas
y sombreros
y a la
noche en un crucero
Como un anime japanese
Omar Alej.

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